Escena 1

Me llega hoy, 29 de abril de 2026, santa Catalina de Siena, por email, la promoción de un libro que edita Aguilar. Es este:

Pereda, Marina. (2026). La Obra. Memorias divinas y humanas de una chica en el Opus Dei. Aguilar.

La editorial lo anuncia como «un libro que rompe el silencio. Una voz narrativa única que describe desde dentro y con ironía las dinámicas de poder de esta organización».

Leo el fragmento en abierto que permite la web y me llaman la atención dos pasajes:

«Tampoco considero que mi verdad sea incuestionable. Hablo en primera persona, desde la claridad que tengo hoy y sabiendo que, lo que un día consideré inamovible, de hecho, se ha movido».

«La vida familiar que recuerdo es muy diferente a la de los hombres célibes del Opus Dei, como mi hermano Rubén, por ejemplo, que vive en una casa de numerarios donde no limpia, ni cocina, ni hace la compra, ni recoge la mesa, ni pone la lavadora, ni barre, ni friega, ni siquiera pasa una gamuza por encima de la mesa después de comer, ni tiene que calcular cuánto dinero le queda para fin de mes y si esa semana comerá arroz o puede permitirse un filete de ternera».

—Marina Pereda

Escena 2

He almorzado con un amigo de toda la vida. En un momento de la conversación, le he preguntado:

—¿Te has dado cuenta que los católicos en general no comprenden por qué en el Opus Dei se insiste tanto en que «no somos religiosos»? Casi todos los católicos que conozco me dicen a ese respecto: «¡Pero qué más da! ¿Qué diferencia hay entre los del Opus y un religoso? Los del Opus, fíjate, van a misa todos los días, rezan el Rosario todos los días, se confiesan todas las semanas, hacen una hora de oración al día, y no sé cuántas cosas más. ¡Más que los religiosos!».

—Justo ese es el problema —me ha contestado—. Hasta que en el ambiente social normal no se perciba la diferencia, significará que la santidad para los cristianos corrientes a la que se aspira en el Opus Dei queda difuminada por la preponderancia de vida religiosa y clerical como modelo en la Iglesia y en el gobierno de la Iglesia. Muchos fundadores que empezaron con fundaciones diferentes a las órdenes religiosas terminaron convirtiendo su fundicación en orden religiosa. Escrivá de Balaguer siempre se opuso a esa medida.

Escena 3

Si alguien lee la escena 2 y no la entiende, le recomiendo este artículo: El Opus Dei ante la Iglesia: cien años buscando encaje, que se puede saltar quien la comprenda.

Escena 4

Vuelvo a Marina Pereda. No tengo su libro. No lo he leído aún, pero me atrevo a adelantar dos ideas.

La primera: hay muchos aspectos que mejorar en la vida práctica del Opus Dei, tras casi un siglo de andadura desde su fundación. Yo mismo he señalado algunos aquí, en Sociología del Opus Dei: España, Austria y Polonia. Yo mismo fui numerario, lo dejé, me casé, tengo tres hijos, escribí artículos como ese siendo cooperador del Opus Dei y sin embargo, el pasado 25 de diciembre de 2025 pedí la admisión como supernumerario y seguiré señalando todas las deficiencias que vea.

La segunda. Sin juzgar intenciones, que parto de la base que son buenas, considero que hay maneras de presentar ciertos asuntos que no apuntan a la realidad, sino que la deforman porque no explican bien el contexto, entre otros motivos. Un ejemplo es lo que menciona Marina Pereda arriba, en la segunda cita. En cualquier caso: no habría vuelto al Opus Dei si no pensara que lo bueno que ofrece supera con mucho a lo malo, exactamente igual que ocurre con la Iglesia católica.