Sobre la universidad

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Cuatro diagnósticos.

Biblioteca Antigua. Escuelas Mayores. Universidad de Salamanca

Biblioteca Antigua. Escuelas Mayores. Universidad de Salamanca. Autor: Payanes8. Fecha: 30/7/2012. Archivo de Wikimedia Commons.

Los días 6 y 7 de febrero de 2026 se celebraron en Madrid las jornadas «Universidad, quo vadis?», dedicadas a su pasado, presente y futuro.

Los desengaños que causa esta institución a todo tipo de estudiantes, y a los mismos catedráticos, son demoledores. Higinio Marín, rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, afirmó que se siente «como el Cid Campeador» cuando consigue liberar a los profesores de las tareas burocráticas, para que se dediquen «a la lectura y al estudio». Frente a los profesores gestores y aburridos, carentes de todo interés por sus alumnos, aparecen, quizás sentados en los pupitres, unos universitarios a los se engaña en múltiples ámbitos, empezando porque se les ofrece una universidad que es todo menos lo que debe ser. A continuación se brindan cuatro miradas esclarecedoras.


Para pensar, hay que leer y comparar lo leído

La tesis que defendió Inger Enkvist es que los problemas en la universidad proceden de la escuela: de la enseñanza en secundaria y en el bachillerato. Los estudiantes, antes de llegar a la universidad, deberían saber leer con fluidez y comprender lo que leen. Para ello se requiere un marco referencial general, conocimientos en campos variados y buenos hábitos de estudio. Hace treinta años no era necesario subrayar esa verdad, señaló Inger Enkvist, hoy en día sí.

Una catedrática de Derecho en una universidad pequeña francesa, contó Enkvist, espantada porque sus estudiantes no manejaban la lengua francesa como debían, empezó a ponerles dictados en la primera semana de su curso, como si estuvieran en primaria. Les situaba ante la evidencia de que necesitaban reforzar su conocimiento de la lengua francesa, y así, y con una serie de lecturas adecuadas, los cambiaba a mejor. Enkvist la puso como ejemplo de lo que se puede hacer. La catedrática francesa mencionada es Aude Denizot, profesora de Derecho en Le Mans Université.

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La idea de investigación se aplica a los profesores de forma necia

Las escuelas catedralicias dan origen a las primeras profesiones civiles no gremiales y no ligadas al linaje, recordó Higinio Marín. Se mantiene la división: los oficios artesanales se enseñaban por experiencia y en la universidad se quedaban los oficios que se aprendían como formas de saber, mediante ciencia. «En la universidad se aprende mediante el libro y la biblioteca y lo que no se puede aprender en la experiencia». En el aprendizaje jugaba un papel esencial la memoria, porque «de hecho es el aporte de aquello que se puede comprender. La comprensión inteligente deriva de la capacidad del recuerdo de la memoria. Y la universidad es la institución de la memoria comprensiva, la especialización de la memoria comprensiva».

Con la incorporación de los nuevos saberes experimentales, aparece la idea de investigación en la universidad, ya en el siglo XIX, que hoy se aplica a «todos los profesores, indiscriminada, torpe y neciamente», porque no todos pueden ser buenos investigadores.

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Libertad de expresión en la universidad: contra la paz de los cementerios

La armonía universitaria se puede y se debe conseguir sobre la base de la madurez ciudadana y del disenso, afirmó Vicente Bellver.

Si una empresa invita a alguien a pronunciar una conferencia, normalmente le paga bien y le trata bien. En la universidad, hoy día, hay estudiantes que cancelan a determinados ponentes, no con argumentos sino con insultos, y hay sesgos en la propia dirección de la institución para elegir a unos y no a otros. Es lo más contrario a una entidad que pretenda «conservar el saber y aproximarse cooperativamente a la verdad».

Jordan Peterson, exprofesor de Psicología en la Universidad de Toronto, y Charlie Kirk (asesinado) son casos famosos internacionales de lo dicho. En España, siendo muy breves en la enumeración, se puede mencionar a Juan Soto Ivars, objeto de escraches por su libro Esto no existe, en el que denuncia que la ley sobre la violencia de género tiene efectos colaterales sumamente injustos.

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Urge «restituir el prestigio de la verdad»

Contrariamente a la moda woke actual, discutir era algo bien visto por quienes crearon la universidad, subrayó José María Barrio Maestre. Estaban convencidos de que «la racionalidad humana es discursiva», es decir, se desenvuelve en un cursus (carrera) a lo largo del cual «confrontamos razones, ponderando su peso lógico más allá de su brillo retórico». Sin despreciar la retórica, «lo fundamental es medir el valor de verdad de los argumentos en juego». Discurrir y discutir son dos caras de una misma realidad. «La razón es discursiva: se desarrolla en el contraste de pareceres y en el ejercicio de ponderar las opiniones que comparecen en la discusión». Sopesar viene de pondus (en latín, ‘medir el peso’).

Aprendemos a pensar en serio «tomando partido en discusiones realmente significativas, y buscando razones para defender lo que pensamos en contraste con otras posturas, tal vez contrarias a la nuestra, pero que si están respaldadas en argumentos bien armados y pensados a fondo nos obligan a repensar los nuestros, a pulirlos, a afilarlos mejor, tanto dialéctica como retóricamente».

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