Joaquín Pérez Navarro, ganador del concurso «Cesta y puntos»

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Un caso de deseo mimético.

Joaquín Pérez Navarro, a la derecha, contestando una pregunta en Cesta y puntos, en 1966

Joaquín Pérez Navarro, a la derecha, contestando una pregunta en Cesta y puntos, en 1966. Foto: © José Manuel Grau Navarro.

Apreciado Grau: la imagen de abajo, la fachada del Colegio Mayor Pío XII, la tomé el viernes 6 de febrero de 2026. Ese día, y el siguiente, los pasé en el auditorio de la Fundación Pablo VI, en el mismo complejo de edificios donde se localiza esa residencia universitaria fundada en 1961, en el paseo Juan XXIII de Madrid.

Fachada del Colegio Mayor Pío XII, en el paseo Juan XXIII de Madrid

Fachada del Colegio Mayor Pío XII, en el paseo Juan XXIII de Madrid. Foto: © José Manuel Grau Navarro.

¿Has oído hablar alguna vez del concurso Cesta y puntos? Se estrenó en 1966 y era el Pasapalabra de la época. Concursaban colegios con equipos de alumnos que se componían de delanteros (dos), defensas (otros dos) y un pívot, como en baloncesto. El presentador era Daniel Vindel. Los cuestionarios en la competición procedían de las asignaturas de los seis años de bachillerato (Ley de 1956). En Cesta y puntos, si los delanteros eran buenos, como las preguntas en primer lugar se dirigían a ellos, todo quedaba resuelto si contestaban correctamente, porque nunca pasaban ni a los defensas ni al pívot. Los delanteros eran fundamentales.

Cesta y puntos lo veía en la televisión en blanco y negro de mi casa, una Iberia que mi padre compró. Era el tercer aparato que llegó a Bigastro, mi pueblo. La primera final de Cesta y puntos, quizás la que mayor expectación causó de todas, se celebró el 11 de junio de 1966, un sábado, en Prado del Rey (Madrid) y se emitió a toda España por el primer programa (solo había dos) a las 20:00 horas. Véase cómo se anunciaba en en el periódico ABC aquí. En la final de 1966 compitieron cinco alumnos del Instituto Nacional de Enseñanza Media Fray Luis de León (Salamanca) contra cinco alumnos del Colegio Santo Domingo (Orihuela). Ganó el que después sería mi colegio: el Colegio Santo Domingo de Orihuela, una ciudad de Alicante a cinco kilómetros de Bigastro. En 1966 yo tenía 7 años. Pero lo realmente emocionante consistía en que el delantero decisivo durante toda la competición, y también en la final, fue mi primo Joaquín Pérez Navarro, natural de Bigastro como yo y celebrado en toda España desde ese momento como una lumbrera nacional.

En este vídeo https://play.rtve.es/v/1685273/ percibes cómo era Cesta y puntos. Se trata de la final de 1968. La web de TVE no ofrece la de 1966, pero la idea es la misma.

El filósofo y antropólogo René Girard (1923—2015) sostiene que la mímesis es en principio buena, pero se degrada en rivalidad cuando el modelo a imitar se vuelve competidor y obstáculo. Es buena cuando adopta la forma de emulación no rival y, sobre todo, cuando se orienta a la imitación de Cristo.

A los 7 años no sabía nada de René Girard, pero sí que quería ser como mi primo, diez o doce años mayor que yo.

Tras ganar Cesta y puntos y superar brillantemente el curso preuniversitario, Joaquín Pérez Navarro dejó el Colegio Santo Domingo y se marchó a Madrid, a cursar la licenciatura en Matemáticas. Residía como becario en el Colegio Mayor Pío XII, al que llegaría en el curso 1967-68 o 1968-69. Cuando unos años después se casó en la capilla de ese mismo Colegio Mayor Pío XII (diseñada por el cardenal Herrera Oria), yo vine con mis padres y mis hermanos a su boda. Era la segunda vez que visitaba Madrid.

Siendo Joaquín universitario, cuando viajaba a Bigastro, de forma cada vez más infrecuente, yo pasaba el tiempo que podía con él, en la casa de mi tía Josefina, su madre. Antonio, su padre, ya había fallecido (en 1959 o 1960). A veces me llevaba un ajedrez y lo retaba.

Cuando empecé el Curso de Orientación Universitaria (COU), 1975-76, y para poder estudiar la carrera en Madrid, mi primo Joaquín, ya profesor en la Complutense, que vivía con su mujer, Sira, en un piso de la calle María Auxiliadora de Madrid, me buscó plaza en su antiguo Colegio Mayor Pío XII, pero no admitían a chicos de COU y fui a parar al Colegio Mayor Moncloa, que él validó con la frase: «Es del Opus pero no pasa nada, está bien». Joaquín me matriculó de COU en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y evitó así un viaje mío de Bigastro a la capital de España, siempre largo, costoso y duro, por los trenes o los autobuses de la época.

En el Colegio Mayor Moncloa, preguntaba regularmente a dos amigos estudiantes de Matemáticas si mantenían algún contacto con mi primo. Uno era Juan Antonio Galán Gamero, subdirector, a quien llamábamos (y yo todavía llamo) Yoni, y a quien otro colegial, Luisma Calleja, describía como «el artista de más peso —en un doble sentido— del festival», de los festivales que se celebraban en el Colegio Mayor Moncloa por la Inmaculada y por San José. El otro estudiante de Matemáticas en el Colegio Mayor Moncloa era Francisco Galera, un auténtico prodigio de los números, quizás el residente más genio de aquella generación.

En una ocasión, en el curso 1976-77, siendo yo estudiante de primero de Físicas, una profesora auxiliar de Cálculo, una profesora no numeraria se decía entonces, me preguntó si era primo de Joaquín Pérez Navarro. ¡Qué alegría me dio! En ese primero de Físicas estaba sacando tan buenas notas como él en su primero de Matemáticas y quizás por eso descubrió el parentesco: Grau Navarro frente a Pérez Navarro, primos por parte de madre.

No te he dicho aún que la semana pasada estuve en el Colegio Mayor Pío XII porque asistí al congreso Universidad, quo vadis? He escrito bastante de ese congreso y algunas cosas de las que he publicado hasta quizá sea útil que se sepan. Si te interesa, las puedes leer aquí.

Ahora pienso que tratando de imitar a mi primo actué bien, porque lo emulaba en lo bueno. No he llegado a su nivel, nunca he sido ni tan listo ni tan bondadoso como él, pero eso es secundario. Porque al final, como dijo el escritor francés Léon Bloy en su obra La Femme pauvre, cuya primera edición es de 1897, el único fracaso (o la única tristeza) en la vida es no llegar a ser santo (o no luchar por la santidad).

Te desea lo mejor,

Lotrives.


Claustro del Colegio Santo Domingo de Orihuela. Competición homenaje al equipo ganador, el día 18 de junio de 1966

Claustro del Colegio Santo Domingo de Orihuela. Competición homenaje al equipo ganador, el día 18 de junio de 1966. En primer plano, de izquierda a derecha: con la cabeza ligeramente inclinada, el segundo delantero del Colegio Santo Domingo (José Manuel Martínez Ortuño); a su izquierda, mi primo Joaquín Pérez Navarro (ambos, sentados); de pie, Daniel Vindel, el presentador. Foto: © José Manuel Grau Navarro.


Lotrives, a la edad de entre 7 y 9 años, en la sala de estar de su casa, en Bigastro

Lotrives en una foto de aproximadamente 1966, a la edad de entre 7 y 9 años, en la sala de estar de su casa, la casa de sus padres, en Bigastro, una localidad a cinco kilómetros de Orihuela, donde estudiaba, en el Colegio Santo Domingo. Detrás, la televisión donde seguía Cesta y puntos; sobre la mesa, el ajedrez con el que retaba sin éxito a su primo Joaquín Pérez Navarro. Foto: © José Manuel Grau Navarro.