El frío de Orihuela

Actualizado el

Ascesis en climas extremos.

Fachada del Colegio Santo Domingo, Orihuela, el 27/02/2026

Fachada del Colegio Santo Domingo, Orihuela, el 27/02/2026. Foto: © Lotrives

Estimado Grau: hacía mucho tiempo que no regresaba a Orihuela. Llegué anoche y esta mañana he realizado un recorrido rápido por la ciudad. Veloz, porque estaré pocas horas aquí y no me daba tiempo a más. Fui a la catedral, pasé por delante del Colegio Santo Domingo y contemplé un paseo junto al río Segura. Había dos patos. No los esperaba, en un cauce habitualmente seco.

El clima orcelitano es extremo y no me refiero a un problema de cambio climático. Siempre ha sido extremo. Los especialistas dirán otra cosa. Wikipedia y la inteligencia artificial también. Pero se equivocan. El clima orcelitano es inclemente. En un mes como febrero, en una vivienda sin calefacción, cuando cae el día y hasta las primeras horas de la mañana, el ambiente gélido se mete poco a poco por los tuétanos hasta dejarte casi paralizado. Es un fenómeno que ocurre en todos los pueblos de la Vega Baja del Segura.

Una forma de salir de ese estado de aturdimiento provocado por el frío consiste en tomar una ducha larga de agua muy caliente, que termine con un buen chorro de agua fría. El cuerpo se tonifica bastante bien así. Pero cuando yo era bachiller, cuando lo cursaba en el Colegio Santo Domingo de Orihuela, no había incorporado a mi rutina esa costumbre de la ducha diaria y el agua caliente era un lujo. En Santo Domingo no había calefacción y lo glacial imperaba en las aulas adosadas a aquellos muros de piedras. Apenas podía entrar en calor cuando salía al patio y me ponía al sol, en la zona junto al palmeral, o en las gradas frente al campo de baloncesto. Fíjate en las ventanas de la foto de arriba y lo entenderás.

En la catedral, también sin calefacción como cabía esperar, esta mañana he mirado al púlpito vacío, junto al altar mayor, y he pensado en cómo los canónigos, generación tras generación, han soportado los rigores de la temperatura con ánimo suficiente como para exhortar a los fieles. Yo no hubiera podido ni hablar, por el mal humor del frío.

Púlpito de la catedral de Orihuela, el 27/02/2026

Púlpito de la catedral de Orihuela, el 27/02/2026. Foto: © Lotrives

El clima oriolano es extremo. En invierno y en verano. A partir de junio, el calor húmedo provoca que la tensión baje, que la sudoración sea continua y que el agotamiento por cualquier tarea física o mental llegue mucho antes de lo que ocurriría en Madrid, en Viena o en Varsovia, pongamos por caso.

Hay un autor famoso en Austria llamado Thomas Bernhard (1931-1989). Publicó en 1981 una narración autobiográfica titulada El frío. Un aislamiento (Die Kälte. Eine Isolation). Bernhard vivió en la región de Salzburgo. Tuvo una infancia y una juventud dura y desgraciada. Quizás eso explique que por lo menos literariamente no le interesara el resplandor de la ciudad de Mozart, ni contar sus bellezas naturales y arquitectónicas, ni sus paisajes y hermosuras naturales. Sus temas son otros. Quedó marcado por la crudeza que describe en El frío, que en su caso no era solo climática, sino también de frías relaciones humanas.

Apreciado Grau: no me malinterpretes. Mi juventud e infancia fueron felices. En una ocasión, defendí ante un amigo austriaco de Salzburgo la belleza de Orihuela, que quedaba no demasiado detrás de la de Salzburgo, le aseguré, de lo que se burló, quizás por desconocimiento.

Salzburgo y Orihuela son magníficas. Ambas son ciudades esplendorosas con monumentos de primera categoría. La primera mucho más cuidada… y mucho mejor explotada su fama que la segunda. Pero el frío y la enfermedad paralizan y cambian el ánimo. Consiguen que estés pendientes solo de ellos: de la enfermedad y del frío. Te convierten en un egoísta, si se puede expresar así. Solo un esfuerzo ascético exitoso puede paliar el estado de postración a que nos conducen. “¿Como el de los canónigos que se subieron generación tras generación al púlpito de la catedral?”, intuyo que me preguntas. No lo sé, apreciado Grau, a lo mejor sí, pero seguro que no solo el de ellos.

Lotrives, Orihuela, 27 de febrero de 2026