Sobre la presencia de Dios

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¿Está él ido o somos nosotros los ausentes?

El Sol, óleo de Edvard Munch (1912)

Solen (en noruego); en inglés The Sun; en español El Sol. Óleo de Edvard Munch de 1912. Foto: © Munchmuseet. Licencia CC BY-NC-SA 4.0.

Nos resistimos a que lo lejano y antiguo, lo que no se ve, lo que no se palpa ni se toca, nos dirija. Aun así, lo invisible, nuestras ideas y pensamientos, las fuerzas atómicas, las costumbres ancestrales y otras muchas variables nos guían.

Es experiencia común que nuestra conciencia y el considerarnos en la presencia de alguien que desea que nos comportemos de una determinada manera, nos impulsa a actuar de una forma concreta. ¿Indica eso que existe la presencia de Dios, representada por aquel ojo encerrado en un triángulo que ilustraba los antiguos catecismos?

Cabe deducir que si existe Dios, existe su presencia, y si ese Dios es el Dios que predica Jesucristo, no uno cósmico, caprichoso y espía, sino uno personal, omnisciente, omnibenevolente y omnipotente, deberíamos procurar estar continuamente en su presencia. Utópico, podríamos pensar. Quizás no tanto. Veamos.

León XIV

El pasado 2 de diciembre, un periodista alemán le preguntó a León XIV por un libro que hubiera influido mucho en él, además de los de san Agustín. Mencionó sin dudarlo La práctica de la presencia de Dios en la vida cotidiana. Dichos, cartas y testimonios, de Lorenzo de la Resurrección (1614-1691), un hermano lego de los Carmelitas Descalzos. Su nombre de pila era Nicolas Herman.

Lorenzo de la Resurrección nació en Hériménil (región de Lorena, Francia) de padres campesinos, por lo que su formación académica fue limitada, en el mejor de los casos. Creció durante la Guerra de los Treinta Años, que devastó Europa entre 1618 y 1648. La pobreza lo obligó a alistarse en el ejército, para asegurarse comida y paga. Ingresó finalmente en los Carmelitas, donde llevó a cabo tareas humildes de convento hasta su muerte. Un perfil nada espectacular, aparentemente. Sin embargo, y por ensalzar solo un aspecto de su enorme influencia, el libro mencionado suyo, publicado a título póstumo, es un clásico de la espiritualidad cristiana, continuamente reeditado en al menos todas las lenguas cultas occidentales.

La práctica de la presencia de Dios, comenta el papa, describe «un tipo de oración y espiritualidad donde uno simplemente entrega su vida al Señor y permite que lo conduzca». Esa es, afirma León XIV, «mi espiritualidad desde hace muchos años». Le sirvió también en el cónclave para responder con un a su elección.

La estrella noruega

Erik Varden es un monje cisterciense de estricta observancia y obispo católico, algo doblemente insólito en un nórdico. Nació en Noruega en 1974. En 2002, tras diez años en la Universidad de Cambridge, donde se doctoró en Teología, ingresó en la Abadía del Monte San Bernardo (cisterciense), en el bosque de Charnwood (Reino Unido). El papa Francisco lo nombró obispo de Trondheim (Noruega) en 2019. Erik Varden, con su sabiduría, su ejemplo y su página web, se ha convertido en una suerte de director espiritual mundial. Explica lo que es la presencia de Dios aquí. Extracto sus ideas:

«La epifanía por excelencia de Dios a Moisés en la zarza ardiente reveló un nombre que significa Yo estoy presente. El inefable nombre divino es más que una afirmación metafísica. Asegura a Israel en el exilio que el Señor está con ellos. En Isaías, que proporciona muchos de nuestros textos y oraciones de Adviento, el cumplimiento de la promesa redentora de Dios se indica con la imagen de Emmanuel, que significa Dios con nosotros.

»Después de su santa resurrección, Jesús, quien durante su ministerio público había enseñado a sus discípulos a permanecer con él, en él, les aseguró: ‘He aquí que yo estoy con vosotros siempre’. La presencia de Dios es un tema recurrente en las Escrituras. Tiene sentido. Si Dios es verdaderamente el origen de todo lo que existe y el señor del universo, Dios será omnipresente a todo lo que existe, será la realidad fundadora en la que ‘vivimos, nos movemos y existimos’».

Para Erik Varden, «la presencia de Dios es algo que podemos dar por sentado. ¡Nosotros somos los ausentes! El hermano Lorenzo nos enseña a volver de nuestro propio alejamiento, a buscar la comunión con Dios, a aprender a estar reverentemente alerta hacia aquel que está en nosotros y a nuestro alrededor».

Para practicar la presencia de Dios, Varden recomienda «practicar la atención»; «cultivar el silencio cuando sea posible»; evitar quedarnos «atrapados en patrones mentales egocéntricos, repasando constantemente nuestros planes, heridas y antojos, proyectando nuestras vidas hacia un futuro hipotético y virtual en lugar de vivir el presente».

Para Varden, «aprender a orar es aprender a optar por lo real». Desde el punto de vista humano, aconseja «dedicar un tiempo cada día a no hacer nada, simplemente a estar quieto y alerta: esto es más difícil de lo que parece, dadas las distracciones que nos rodean por todas partes, apoderándose de nosotros».

Recomienda leer la Biblia, «no demasiado» cada día, porque si nos proponemos planes muy ambiciosos, «lo más probable es que no los realicemos». Basta con meditar sobre un trozo «lo suficientemente sustancial como para nutrirnos y facilitar un encuentro con Dios presente» en su palabra. Por supuesto, «es importante frecuentar los sacramentos, en especial la confesión y la eucaristía, y orar ante el Santísimo Sacramento, sacramento de presencia».

El hermano Lorenzo enseñaba a convertir cada aspecto de la existencia en un acto de culto, «viviéndolo consciente y confiadamente ante el rostro de Dios, en su presencia, por amor a Él». Para ello, añade Varden, hay que confiar «firmemente en la providencia de Dios, haciendo lo que debemos con serenidad, impidiendo que entren en nuestro corazón pensamientos de murmuración e ira, siendo conscientes de que estamos llamados a traer a Cristo al mundo mediante un testimonio creíble» que se exprese «en lo que hacemos ahora mismo».


¡Feliz Navidad!

Felicitación de Navidad: escultura de la Sagrada Familia, obra de Enrique Grau (2025)

Felicitación de Navidad. Escultura de la Sagrada Familia con papeles pintados. Obra de Enrique Grau (2025). Foto: © Lotrives.

Lotrives ha recibido una felicitación de Navidad que a su vez envía a sus lectores con los mejores deseos para estos días y en 2026. La tarjeta tiene especial valor para él porque ha sido realizada por un artista con muchas dificultades de partida para ser artista, pero lo ha conseguido.