¿Es buena la empatía cero?

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El lado oscuro de la identificación.

El buen samaritano (según Delacroix), óleo de Vincent van Gogh

Óleo El buen samaritano (1890), según Delacroix (pintura de Vincent van Gogh), imagen licencia de Wikimedia Commons.

Ayer tarde, 10 de octubre de 2025, quedé a tomar un café en el restaurante Paraíso con mi amigo Pablo Bilz. ¡Qué nombre! El restaurante Paraíso. Lo suelo hacer todos los viernes. Surgió una conversación que he transcrito. Se la he pasado a Pablo y me ha dado su visto bueno. Aquí va.


—(Pablo Bilz, en adelante: PB) «Empatía cero». Lotrives, tuve un jefe que aplicaba ese lema en la relación con los empleados de su departamento.

—(Lotrives, en adelante: L) ¿Era un psicópata?

—(PB) En absoluto. Era un tipo completamente normal. Pero contravenía todas las convenciones del coaching, es decir, de la mentoría o instrucción personal.

—(L) ¿Qué normas?

—(PB) Ser muy comprensivo con tus subordinados, conocer todas sus circunstancias familiares, exigirles con mucho cuidado, pedir rendimiento de cuentas con más cuidado aún, ser uno más entre ellos, animarles cuando estén deprimidos, exagerar sus bondades, decirles que son indispensables y que sin ellos la empresa, y casi el mundo entero, se podría hundir…

—(L) Eres un exagerado, Pablo.

—(PB) ¿Exagerado? Lee este artículo de Nueva Revista y ya me dirás. Y todo esto no es que corra, vuela. En China, los padres utilizan tutores robóticos y asistentes emocionales creados con inteligencia artificial para monitorizar a sus hijos.

—(L) ¿Le iba bien al jefe ese tuyo de que me hablabas, el de «empatía cero»?

—(PB) Fenomenal. Logró formar un equipo como nunca he conocido otro.

—(L) Mi experiencia es justo la contraria, Pablo. Afortunadamente, casi todos los superiores que me han dirigido han sido muy empáticos conmigo. Han conocido mis circunstancias personales a fondo, me han animado en los momentos difíciles y han impulsado mi carrera profesional empujándome a ámbitos a los que no me inclinaba.

—(PB) Lo siento: me gusta la empatía cero y me gusta esta frase de Mary Ann Shadd: The fact that somebody is displeased is no evidence that we are wrong (‘El hecho de que alguien se disguste no evidencia que nos hemos equivocado’).

—(L) Odio la empatía cero y me parece que es cierta la frase de Mary Ann Shadd. Te voy a contar dos historias, no obstante, que quizás apoyan tus puntos de vista. Conocí hace años a un sacerdote muy espabilado, listo y empático del Opus Dei. Pero predicaba el autoestímulo. Afirmaba que si alguien no era capaz de vivir la vocación (pobreza, obediencia, castidad) sin el aliento de «un otro», de un ser cercano que le dijera continuamente: «Adelante, adelante, tú puedes», eso era síntoma de que el Opus Dei no era su sitio. El autoestímulo tendría que bastar para ir adelante, según ese cura. Mi segundo testimonio es aún más potente. Proviene del Mesías: «¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”» (Lc 17: 7-10).

—(PB) Me estás dando la razón.

—(L) No estoy seguro. También ese mismo Jesucristo pronunció la parábola del buen samaritano (Lc 10: 25-37) y estas palabras: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11: 28). Con frecuencia, en los asuntos divinos no debes acoger solo un principio, sino pivotar a la vez a su opuesto y realizar los dos en ti mismo. Es paradójico, pero real. Tampoco estoy convencido de que aquel sacerdote del Opus Dei tuviera razón.

—(PB) Propongo un compromiso: conducirse sin coach con la mayor exigencia interior para cumplir minuciosamente el deber, aunque enfrente observes empatía cero, porque «somos siervos inútiles». Simultáneamente: ser muy agradecidos, porque existe el buen samaritano.

—(L) ¡Qué lío! ¿Y si la empatía cero no fuera frialdad, sino lucidez?