El vino búlgaro y las adicciones

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Cuando los hilos se transforman en cadenas.

Cartel de la película Días de vino y rosas (1962)

Cartel de la película Días de vino y rosas. Licencia de Wikimedia Commons.

El restaurante Paraíso dispone de una terraza desde donde se divisa una pista de tenis de tierra batida. Ayer, viernes, 17 de octubre de 2025, un día soleado y agradable, quedé allí con mi amigo Pablo Bilz y con mi amiga Martina Draft, una mujer con apellido inglés pero que lleva ya muchos años en Madrid y domina el castellano mejor que yo. Martina se pidió un emperador a la plancha y una copa de Rioja. Tras el almuerzo, cuando estábamos tomando el café, entablamos la conversación que sigue.


—(Lotrives, en adelante, L, mirando a la pista de tenis) El peor vino de Mercadona, el Hacendado de cartón de a un euro el litro, siempre es mejor que el mejor vino búlgaro.

—(Martina, en adelante, M) ¿De dónde sacas esa imbecilidad, Lotrives?

—(L) De mis años en Polonia, de 1989 a 1993. Entonces, el vino era un artículo de lujo en el país del Vístula y cuando pedías vino, en general lo que te podían ofrecer era una botella de caldo búlgaro importado y comparativamente muy caro. Yo era capaz de tragarme una copa de mostagán de cualquier tipo, pero el vino búlgaro de aquellos años era peor que un matarratas.

—(Pablo Bilz, en adelante, PB) ¿No estaba prohibido a los católicos consumir alcohol en Polonia?

—(L) Estaba muy mal visto, en efecto. La dipsomanía era, y es, un gran problema en Polonia. La medida recomendada por los obispos, y no sé si hasta mandada, era la abstinencia total de alcohol.

—(M) ¿Estás de acuerdo con esa norma, Lotrives? Los prelados son muy sargentos, no me lo podrás negar, y se meten donde no deben.

—(PB, en tono de broma y complicidad) ¿Eso lo sabes por ti, Martina, o por tu condición de roja, agnóstica y feminista que juzga por adelantado?

—(L) No sea usted bruto, señor Bilz, con Martina. El hecho de que algunos o muchos polacos tuvieran un problema con el alcohol, pensaba de 1989 a 1993, no autorizaba a los obispos a complicar la vida a la comunidad eclesial al completo. Opinaba que debían dejar en libertad a las gentes como yo, del sur, que saboreamos una copa de vino en la comida y otra de coñac con el café y que por ello no nos consideramos unos viciosos.

—(PB) ¿Ya no lo piensa usted, señor Lotrives?

—(L) Ahora, cuando examino mi conciencia, veo que a lo largo de mi vida he sido objeto de diversas adicciones, quizás leves, pero adicciones. Por ejemplo: me costaba evitar esa copa de vino, renunciar al café, a una cerveza en la cena… y cosas por el estilo.

—(M) Lotrives: ¿eres tonto, rígido o padeces algún trastorno que desconozco?

—(L) Gracias por tu sinceridad, Martina. Siempre la aprecio mucho. ¡Qué suerte ser tu amigo! Pero mi tontuna me susurra que sin darnos cuenta nos atan numerosos hilos, y que de forma casi imperceptible los hilos se transforman en cadenas y así dejamos de ser auténticamente libres. No sé si la medida más sabia al final es cortar por lo sano por completo lo antes posible, la abstinencia total.

—(PB) Es lo que predicaba Tertuliano, aunque nuestra señora Draft se oponga. Mira el lorazepam. La gente empieza con media pastilla para tranquilizarse y al poco no puede dormir sin la pastilla entera. Sigue con el sexo. El varón incauto cae en una película pornográfica y luego se mete en el onanismo y demás. Observa las hamburguesas. Una no basta. ¿Y qué decir del vino? Si no puedes prescindir de un vaso quizás ya estás en el camino de la perdición.

—(M) ¡Pero qué cenizo! No tengo problemas con el lorazepam, ni con el vino, ni con el sexo, ni con ninguna de tus bobadas. Y las aspirinas no curan el lumbago, como dijo Lotrives cuando la lumbalgia lo tumbó. Me asustáis. Sois unos perturbados mentales.

—(PB) ¡No te pongas así, Draft, que te queremos mucho! Por cierto, que no se me olvide comprar aspirinas [activa un recordatorio en su iPhone].

—(L) Esta noche volveré a ver Días de vino y rosas. ¡Qué maravillosa película! ¡Qué fantástica banda sonora de Henry Mancini! ¡Qué inolvidable canción!