Thomas Mann, los jesuitas y el Opus Dei

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Davos, Grand Hotel Belvédère y Waldsanatorium, en 1930

Foto: Davos, Grand Hotel Belvédère y Waldsanatorium, en 1930. Licencia de Wikimedia Commons.

En La montaña mágica, una novela de Thomas Mann publicada originalmente en 1924, se establece este diálogo entre Hans Castorp, el joven protagonista alter ego de Thomas Mann, y Lodovico Settembrini, el humanista italiano, culto, masón y progresista que lo educa:1

—[Hans Castorp] ¡Será posible…! ¡Qué diablos! ¿Ese hombre [Leo Naphta]… es un jesuita?

—Lo ha adivinado —murmuró Settembrini con cierta ironía.

—No, no, jamás lo hubiera imaginado… ¿Por eso le ha llamado «padre»?

—Era una pequeña exageración de cortesía —replicó Settembrini—; el señor Naphta no es «padre» propiamente dicho; la enfermedad no le permitió alcanzar ese grado. Pero llegó a hacer el noviciado y a pronunciar los primeros votos. La enfermedad le obligó a interrumpir sus estudios de teología. […]. Pero es miembro de la orden y, aunque estuviese unido a ella por un lazo todavía más débil, no le faltaría nada. Ya les he comentado que de por sí es pobre, quiero decir que no posee nada. Naturalmente, esas son las normas. La orden, sin embargo, dispone de riquezas inmensas y cuida bien de los suyos, como han podido ver.

Hans Castorp expresa que una relación así (con Naphta) le «amplía el horizonte de una manera insospechada» y le abre los ojos «a un mundo cuya existencia ni siquiera imaginaba». Castorp pregunta a Settembrini si es «ortodoxo su pensamiento como jesuita», porque Naphta habla del comunismo en términos elogiosos. «¿Es eso compatible con la doctrina romana a favor de la cual se supone que intriga la orden de los jesuitas en el mundo entero, según tengo entendido?», cuestiona Castorp.

Gianfranco Ghirlanda y el Opus Dei

Si Thomas Mann hubiera escrito La montaña mágica a principios del siglo XXI, tal vez el personaje jesuita encarnado por Naphta hubiera sido un miembro numerario del Opus Dei.

¿Pero es lo mismo un jesuita que un numerario del Opus Dei? El intento de respuesta a esa pregunta ha dado lugar ya a toda una inmensa biblioteca especializada y la producción escrita no para de crecer. Y no, no es lo mismo.

Para los propósitos de este artículo basta apuntar que precisamente por resaltar las diferencias y no ser asimilados a órdenes religiosas como la de los jesuitas, se ha desarrollado una cierta ojeriza de los seguidores de san Ignacio de Loyola contra los de san Josemaría Escrivá de Balaguer. Es asunto de dominio público y queda documentado en multitud de estudios. A lo que aquí se llama ojeriza, Thomas Mann quizás lo calificaría, como arriba, con las palabras intriga de la orden.

Centrémonos en la última batalla.

Entre el papa Francisco (jesuita) y el cardenal Gianfranco Ghirlanda (jesuita) han conseguido reducir el Opus Dei a una asociación de clérigos, cuando el Opus Dei está formado sobre todo por laicos, su mensaje es la santificación de la vida ordinaria, y era una prelatura personal por deseo de san Juan Pablo II. Una prelatura personal, por explicarlo rápido, es lo más parecido a una diócesis de la Iglesia católica de toda la vida, como la de Madrid o la de Varsovia, pero no ligada a un territorio, sino a un carisma.

El mensaje o carisma del Opus Dei se traduce en que para ser santo no hace falta convertirse en religioso en el sentido técnico de las órdenes religiosas. Los cristianos corrientes lo pueden ser en su vida y trabajo ordinarios en medio del mundo. Pero el reto del Opus Dei ahora es enorme, descolocado jurídicamente como está y con las dificultades ambientales de todos los movimientos en la Iglesia. No sabemos aún si el nuevo papa, León XIV, facilitará o complicará la vida al Opus Dei.

El hecho de que tanto un jesuita como un numerario del Opus Dei vivan los consejos evangélicos (pobreza, obediencia y castidad), entreguen su dinero a la orden o al Opus Dei, residan en centros, y se piense que tanto los jesuitas como el Opus Dei dispongan de «riquezas inmensas», como afirma el masón Settembrini, complica aclarar las diferencias. Pero existen. «No somos religiosos», subrayaba con rotundidad el fundador del Opus Dei sin por ello menospreciar a las órdenes, sino queriendo señalar lo novedoso de su carisma, la palabra de moda y que san Josemaría no empleaba.

Footnotes

  1. La cita de este artículo proviene de: Mann, Thomas. (2009) [1924]. La montaña mágica. Traducción de Isabel García Adánez. Barcelona: Edhasa, p. 591 y p. 593. Título original de la obra y primera fecha de publicación: Mann, Thomas. (1924). Der Zauberberg. Berlín: S. Fischer. La montaña mágica fue publicada por primera vez en castellano en 1934, en una versión de Mario Verdaguer y en la editorial Apolo (Barcelona).