Placer eterno y promesa incumplida
Realicemos el ejercicio de aplicar al matrimonio ideas de cuatro importantes pensadores sobre el amor, la dilección y la caridad.
![]()
Desapego (en noruego, Løsrivelse) o Separación, pintura de Edvard Munch de 1896. Se exhibe en el Museo Munch (Oslo). Licencia de Wikimedia Commons.
Utilizan el término amor como ‘sentimiento alegre de encuentro’, ‘atracción’, ‘afecto’, ‘entrega a alguien o algo’, ‘tendencia a la unión sexual’.
Recurren a la palabra dilección para expresar un ‘amor reflexivo con voluntad honesta’.
Emplean la voz caridad para significar ‘amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como uno a sí mismo’.
Friedrich Nietzsche
Escribió este filósofo alemán:
«El dolor dice: ¡pasa! / Pero todo placer quiere eternidad, / — quiere profunda, profunda eternidad».1
El acto sexual produce un placer intenso pero caduco, de tal manera que la búsqueda repetitiva y desordenada del deleite memorizado se puede convertir en una espiral destructiva.
Con su «todo placer quiere eternidad», Friedrich Nietzsche (1844-1900) profetiza mal pronóstico a la unión de un hombre y de una mujer con perspectivas sobre todo carnales, y buen augurio al amor como compromiso sin fin («querer eternidad»).
Paul Claudel
Compliquemos el asunto un poco más con el poeta francés Paul Claudel (1868-1955). Él puso de manifiesto, según Joseph Ratzinger (1927-2022), el fenómeno paradójico de que cada tú que el hombre encuentra se muestra como una promesa incumplida e imposible de cumplir. Todo tú es también un desengaño. Existe un punto en el que ningún encuentro con el otro puede vencer la última soledad.2
Si lo que afirma Claudel es verdad en general, es verdad también en el matrimonio. El otro, cualquier otro, la pareja, la más ideal, nunca colma por completo y el vacío suele crecer con el paso del tiempo. Al final nos quedamos solos ante la muerte.
Bernardo de Claraval
Todo cambia cuando entra en juego la caridad, el telón de fondo de la vida eterna y los conceptos de mérito y premio.
En los Sermones sobre el Cantar de los Cantares, afirma san Bernardo de Claraval (1090-1153):
«Hay una caridad en el acto [caridad ejercida] y otra en el afecto [caridad sentida], y de la caridad en el acto, que consiste en obras, creo se dio una ley a los hombres [amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como uno a sí mismo], versando sobre la caridad en el acto un precepto formal. Porque ¿quién puede poseer la caridad en el afecto con la perfección que tal precepto exige? Ordénase, pues, caridad en el acto como materia de mérito y dase caridad en el afecto como premio».3
Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como cualquiera a sí mismo (Mt 22, 23-40) es una norma válida para el matrimonio. Jesucristo decreta ejercer la caridad. En la medida en que con hechos, en acto, se siga amando en el matrimonio, se tendrá mérito.
Amar al prójimo como uno a sí mismo no pierde vigencia porque el afecto, el sentimiento, la inclinación o la atracción sexual desaparezcan de la ecuación, porque el tú termine en desengaño (Claudel) o porque acontezcan las miles de vicisitudes que presenta la vida moderna y que contribuyen al deterioro marital.
Sentir el amor de tal manera que colme y nos haga completamente felices es, según san Bernardo, algo que podemos pedir, a lo que nos podemos aproximar quizás, pero nunca se consigue en esta vida, tampoco en el matrimonio: «¿Quién puede poseer la caridad en el afecto con la perfección que tal precepto exige?», se pregunta.
Tomás de Aquino
El Aquinate (1224/1225-1274) precisa un siglo después que san Bernardo:
«Amar es querer el bien para alguien. Así pues, el movimiento del amor tiende hacia dos cosas, a saber: hacia el bien que uno quiere para alguien […], y hacia aquel para el cual quiere el bien».4
Amar no es ‘experimentar sensaciones’. Es «querer el bien para alguien». Además, «la dilección no está en el concupiscible [en lo que se desea], sino solo en la voluntad, y se encuentra únicamente en la naturaleza racional». De ahí que amar sea conminatorio.5
Footnotes
-
Nietzsche, Friedrich. (s. f.). Das Nachtwandler-Lied [La canción del noctámbulo]. En Also sprach Zarathustra. Ein Buch für Alle und Keinen [Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie]. Projekt Gutenberg-DE. Recuperado el 1 de septiembre de 2025, de Projekt Gutenberg-DE. Obra original publicada en 1883–1884. Traducción de Lotrives. ↩
-
Ratzinger, Joseph. (2022). Cooperadores de la verdad. Reflexiones para cada día del año (2.ª ed.). Introducción, trad. y notas de José Luis del Barco. Madrid: Rialp. Obra original publicada en 1979, p. 335. ↩
-
Bernardo de Claraval. (1947). Sermones sobre el Cantar de los Cantares (Sermón 50, §2), en Obras de San Bernardo. Abad de Claraval y doctor de la Iglesia. Introducción, versión y notas de Germán Prado. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), p. 1062. Obra original publicada en el siglo XII. ↩
-
S. Th. I-II, q. 16, a. 4, c., en: Santo Tomás de Aquino. (1984). Suma de Teología. II. Parte I-II (2.ª ed. Edición dirigida por los Regentes de Estudios de las Provincias Dominicanas en España). Madrid: BAC. Obra original publicada ca. 1265–1274, pp. 246-247. ↩
-
S. Th. I-II, q. 16, a. 3, c. en: Santo Tomás de Aquino. (1984). Suma de Teología. II. Parte I-II (2.ª ed. Edición dirigida por los Regentes de Estudios de las Provincias Dominicanas en España). Madrid: BAC. Obra original publicada ca. 1265–1274, p. 246. ↩