Controversia y diálogo: el papel del profesor

Actualizado el

La fotografía que sigue a este párrafo refleja un óleo de Norman Rockwell titulado Cousin Reginald spells Peloponnesus (1918) [El primo Reginald deletrea la palabra ‘Peloponeso’], reproducido aquí con licencia de Wikimedia Commons. Es una escena escolar de un concurso de deletreo a los que tan aficionados son los estadounidenses.

Cousin Reginald Spells Peloponnesus, óleo de Norman Rockwell de 1918

Cousin Reginald Spells Peloponnesus (Spelling Bee), óleo de Norman Rockwell de 1918. Wikimedia Commons.

Podemos imaginar que la muchacha se llama Emma, el chico con gafas Ethan y el pelirrojo Liam.

Desde la tarima, Ethan piensa: «¡Pero qué borrico es Liam! ¿Cómo es posible que no sepa que Peloponnesus se escribe con dos enes? ¿Son todos los pelirrojos así de borricos? No sé, pero todos los irlandeses son borricos. Y ahora, a competir con la tonta esa de Emma, a mi izquierda, italiana espagueti. Menuda paliza le voy a dar. De poco le va a servir el lazo rojo que se ha puesto hoy y su ridícula blusa blanca con corbata, como si fuera un hombre».

Liam, que acaba de ser eliminado porque no sabe que Peloponnesus lleva doble ene, abandona el estrado, mira con el ceño fruncido a un compañero que se ha reído de él y se promete darle una paliza en el recreo.

Emma razona para sí: «Gafotas, judío empollón repelente. Te crees más listo que yo con esa risita prepotente. Hoy, te gano. Lo juro. Eres más feo que Picio. Si llevaras barba, serías igual que el rabino Jacob, que va siempre de negro, como tú. Y esos dedos así entrecruzados. ¡Qué grotesco!».

La repulsa mental de Emma se traduce en gesto y le saca la lengua.

Harry Smith, el profesor, sentado en la primera fila, interrumpe el certamen, se levanta, manda a Ethan y a Emma a sus pupitres y se dirige a la clase.

—[Profesor Harry Smith] Queridos alumnos. En la expresión de vuestros pensamientos y emociones, buscad siempre el equilibrio entre la honestidad para decir lo que se piensa y la amabilidad para no herir a las personas que reciben vuestro mensaje. Es un ejercicio difícil, pero indispensable para la convivencia.

—[Emma] Lo siento, señor profesor Smith, no he podido contenerme.

—[Profesor Harry Smith] Emma, señores, señoritas. En el aula no cabe la descalificación. ¿En qué pensaba usted, Emma, antes de la burla? ¿Y usted, Ethan? No, no me lo digan. Hay que manifestar respeto por la persona, por su historia, por su comunidad y por su punto de vista. Aquí, en esta clase, hay judíos, irlandeses católicos, anglosajones protestantes, latinos, colores de piel diferentes. Todo eso está muy bien. Pero la dignidad de la persona vale más que sus ideas y que su identidad, y desde luego cuenta mucho más que nuestros juicios, que con frecuencia son prejuicios. Recordadme, queridos alumnos, que mañana deje por un momento la enseñanza del genitivo sajón y os hable de la búsqueda de la verdad, que necesita de la colaboración y del intercambio, es decir, del diálogo e incluso de la controversia. Memorizad esas palabras, diálogo y controversia. En el diálogo y en la controversia nuestras opiniones no son válidas por el mero hecho de ser nuestras. Serán válidas si se asientan en la lógica, en la ciencia y en la experiencia, en última instancia, si se fundamentan sobre la verdad. En casos extremos, aunque otros en una controversia mal entendida llegaran hasta la violencia, nosotros tendríamos que aplicar la regla de Sócrates en su Gorgias. ¿Qué dice esa norma, Ethan?

—[Ethan] Es mejor padecer la injusticia que cometerla.

—[Profesor Harry Smith] Así es. Ahora, todos al recreo. Liam, pon en práctica el Padrenuestro: «Perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores».