La muerte como prueba de la fe


La crucifixión, óleo de El Greco

La crucifixión. Óleo de El Greco (1541-1614). Museo del Prado. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

En el número 149 del CIC se lee de María: «Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf. Lc 2,35), cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el ‘cumplimiento’ de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe».

La muerte de un hijo puede poner a prueba todo, puede sacudirlo todo. «Su fe no vaciló», afirma el CIC de María. ¡Cuánto no daríamos por observar de cerca la reacción de María en aquellos días! ¿La veremos alguna vez, imaginando la eternidad como un estado en el que todo lo sucedido, hecho y pensado es reproducible?

Queda también el testimonio de san Pablo, que afirma de sí: «He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tim 4,7). Se alegra de haber conservado la fe.

Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Asociación de Editores del Catecismo. ISBN: 8428811024 (=CIC)

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