Economías del Este: irremediable catástrofe

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Si nos imaginamos recorriendo el camino que conduce desde la Staroměstské náměstí, la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga, o desde la Prašná brána, la Torre de la Pólvora, hasta aquellas vías situadas en la margen izquierda del río Vltava (Moldava, en español; Moldau, en alemán), el inmortalizado por el músico bohemio Bedřich Smetana, numerosos «cambistas» se nos acercarán, en cuanto descubran nuestra condición de extranjeros, y nos ofrecerán coronas (la moneda checoslovaca) por nuestras divisas occidentales.

Casi todos los países comunistas obligan a los extranjeros a comprar una cantidad fija en moneda local por día de estancia. Se aseguran así divisas. En Checoslovaquia, mientras que con el curso oficial hay que desembolsar unas 1700 pesetas para comprar 100 coronas, las mismas 100 coronas se pueden comprar en Austria por 500 pesetas, en cifras redondas. Si los «cambistas» logran un precio intermedio, ingresan cifras nada despreciables con las que, además, pueden adquirir artículos occidentales y buenos en tiendas especiales en las que solo aceptan dólares.

Durante el periodo comprendido entre las dos grandes guerras de nuestro siglo, Checoslovaquia fue uno de los países con un nivel de vida situado entre los primeros del mundo. ¡Si Kafka se diera ahora una vuelta por su patria!


El texto de arriba es un trozo ligeramente editado que estaba integrado en este artículo: Grau, J. (1985, 11-17 de noviembre). Economías del Este: irremediable catástrofe. Época, p. 107.