Sobre un empresario rico llamado Martín
Creó una empresa, se ha hecho multimillonario y da trabajo a cientos de personas. ¿Hay que medirlo por lo que gana o por lo que hace y hace posible?

Martín1 estudió Informática y a los 28 años, después de trabajar como moderador de las redes sociales de Hirsch & Escarabajo2 ganando 1000 euros al mes, decidió dar el salto al mundo de la empresa, fundó Tecnologías Paraíso3 y se dedicó a la construcción de páginas web. Lo pasó mal al principio, pero poco a poco fue saliendo del atolladero. Eso ya es mucho decir. La inmensa mayoría de los que se aventuran a crear una empresa, fracasan. Pero con Martín se produjo el milagro.
Al cabo de unos años, Martín amplió el negocio. Ofreció servicios informáticos en la nube y de seguridad cibernética. Contrató a más personal. Hace dos años, Tecnologías Paraíso entró en el negocio de la inteligencia artificial (IA). Una de las ramas más pujantes que toca es la instalación de agentes de IA en las empresas que se lo solicitan. Sigue triunfando. Emplea ya a mil personas con nóminas competitivas.
Martín es multimillonario desde hace diez años. Pero vive en la misma casa en que residía y con el mismo Golf rojo GTI de cuando trabajaba de moderador de redes sociales en Hirsch & Escarabajo. Le gusta la velocidad, pero es sobrio hasta decir basta consigo mismo y da todo el dinero que le sobra a Cáritas.
Martín es católico y va a misa los domingos. La gente en su parroquia lo mira mal. Es rico. Y es más difícil a un rico entrar en el reino de los cielos que a un camello pasar por el ojo de una aguja. Martín, sin embargo, está tranquilo.
Lotrives conoce a Martín y la mera evocación de su nombre le trae a la mente que el criterio para determinar si un hombre es o no egoísta viene dado sobre todo por la finalidad que persiga y el destino de sus ganancias.
«¿Necesita España, necesita el mundo, muchas personas como Martín?», se pregunta Lotrives. Contesta: «Sí. Porque como Martín, además de su afán legítimo por obtener ingresos, crean ocupación y con ello mejoran la situación general del país. Aun suponiendo que un empresario obrara solo por ambición, los efectos colaterales positivos que produce dan a alas a la economía».
Recientemente, Lotrives almorzó con Martín en el restaurante Paraíso. No son propiamente amigos, pero sí hay cierta relación entre ellos. Se produjo este diálogo:
—[Lotrives] Martín, ¿qué te mueve en la vida?
—[Martín] Ganar dinero e ir al cielo. ¿Qué te parece? Y como en el Evangelio, Jesucristo no lo pone fácil a los ricos, trato de esforzarme en el ejercicio de la caridad.
—[Lotrives] ¿Cómo?
—[Martín] Ayudo a las Hijas de San Vicente de Paúl. Los sábados, voy a uno de sus centros y trabajo como voluntario con discapacitados intelectuales graves. Unas semanas los saco de excursión a la montaña y almorzamos en un McDonald’s, su preferido. Otras, nos marchamos a un spa. Con según qué grupos, jugamos a los bolos o vemos una película en el cine.
—[Lotrives] Suena algo mecánico: tarea de los sábados. Cumplimiento. Obligación. ¿No consideras que la riqueza pueda deformar tu mirada: hacerte duro, autosuficiente e incapaz de ver el sufrimiento cercano?
—[Martín] Lo combato con examen de conciencia diario.
—[Lotrives] ¿Y no ayudas a tus empleados, a los que más lo necesiten económicamente?
—[Martín] Pienso continuamente en cómo mejorar Tecnologías Paraíso. Si mejoro mi empresa, mejorarán automáticamente mis empleados.
—[Lotrives] ¿Automáticamente? ¿No puede ocurrir que una empresa suba su facturación, beneficios y prestigio y que algunos empleados sigan en la angustia, la precariedad o la falta de tiempo para los deberes familiares? ¿No puede ser la virtud personal escudo para evitar la responsabilidad social?
—[Martín] No. Lo decisivo es que los empleados posean el adecuado código de valores, pero inculcar ese recto código de valores no es tarea mía. Si lo hiciera, Tecnologías Paraíso se hundiría. Me tendría que dedicar a otra cosa.
—[Lotrives] El bienestar material no solo es necesario para el progreso intelectual, sino también para aspirar a la excelencia moral. Todos los hombres necesitamos un bienestar material mínimo para ser buenos.
—[Martín] El problema es determinar ese mínimo. Ese mínimo siempre es muy complejo. ¿Es poder comer y vestirse, solo eso, por ejemplo, como predicaba san Francisco de Asís? Los individuos jamás estarán en condiciones de coincidir sobre lo que exige la justicia social, porque todo intento de fijar las remuneraciones en consonancia con lo que requiera la justicia social impide el funcionamiento del mercado. La justicia social, en la mayoría de los casos, significa: «Necesitamos una ley en contra de esto». Es un instrumento de intimidación ideológica, un principio regulador de cierto orden.
—[Lotrives] ¿Te has planteado corregir estos dos errores: el resentimiento contra todo rico y la idolatría del éxito económico?
—[Martín] Lo intento, con mi vida. Pero soy malo escribiendo, publicando, hablando e influyendo socialmente. Otros tendrán que trabajar en esos campos.
—[Lotrives] ¿Qué tal tu Golf GTI?
—[Martín] Bien. Pero empiezo a encontrar tantas trabas legales que no me quedará más remedio que cambiar a uno eléctrico en breve. Será chino. Quizás un BYD.