¿Mejor no haber nacido? Judas y el infierno
Perplejidades de Viernes Santo
La caída de los condenados (circa 1620). Óleo de Pedro Pablo Rubens (1577-1640). Bayerische Staatsgemäldesammlungen-Alte Pinakothek (Múnich). CC BY-SA 4.0.
Martina: hoy es Viernes Santo. Por eso te voy a confesar un asunto de los que desde siempre más me han intrigado. Lo esbozo con brevedad. Dos versículos bastan para plantear el problema:
«Diciendo esto, Jesús se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: “En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar”».
«El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
Sobre la predestinación
La doctrina católica afirma dos extremos. Uno, Dios conoce el destino de cada persona humana, si se condenará o se salvará. Dos, nadie está predestinado a condenarse. Si obra como Dios enseña, se salvará.
Martina, acepto la doctrina católica y deseo ser fiel a la enseñanza de la Iglesia. Pero con la figura de Judas entro siempre en una aporía. Me cortocircuito. Trato de explicarme:
Jesucristo es Dios. Jesucristo sabía que Judas le traicionaría. Si era mejor que ese hombre no hubiera nacido, ¿por qué nació? ¿Es preferible nacer e ir al infierno que no existir en absoluto? Entonces, ¿el infierno no es tan malo como lo describe la doctrina católica? ¿Hay algo peor que el infierno como no haber nacido?
«Jesús dio testimonio de su traición para revelarla como parte del plan de Dios, pues la misión de Jesús es “dar testimonio de la verdad” (Jn 18,37)» (Martin & Wright, 2015, sección Jn 13, 21–30, traducción de Lotrives).1
Autoridades
Martina, lee lo que sigue, por favor, con detenimiento, despacio, en voz alta si es necesario, para que cale mejor:
Catecismo de la Iglesia Católica
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 600:
«Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de “predestinación” incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia».
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1035:
«La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”».
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1037:
«Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final».
Benedicto XVI
«Es un misterio su elección [de Judas], sobre todo teniendo en cuenta que Jesús pronuncia un juicio muy severo sobre él: “¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!” (Mt 26, 24). Es todavía más profundo el misterio sobre su suerte eterna, sabiendo que Judas “acosado por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: ‘Pequé entregando sangre inocente’“ (Mt 27, 3-4). Aunque luego se alejó para ahorcarse (cf. Mt 27, 5), a nosotros no nos corresponde juzgar su gesto, poniéndonos en el lugar de Dios, infinitamente misericordioso y justo» (Audiencia general del 18-10-2006: Judas Iscariote y Matías).
Santo Tomás de Aquino
Citando a san Jerónimo, después del ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!, anota:
«Sin embargo, no por eso debe pensarse que [Judas] existió antes de que naciera, porque a nadie puede irle bien sino a aquel que exista; fue dicho de manera simple que es mucho mejor no subsistir, que subsistir mal».
El original en latín se encuentra en Corpus Thomisticum, Catena aurea in Matthaeum, cap. 26 [traducción de Lotrives]. La Catena aurea es una colección de comentarios patrísticos a los Evangelios, recopilados por el Aquinate (s. XIII).
Conclusión
En mi opinión, los puntos 1-3, de las solventes autoridades arriba citadas, confirman mi perplejidad. Solo cabe aceptar el misterio.
Lotrives, Madrid, Viernes Santo, 3 de abril de 2026
Footnotes
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Martin, F., & Wright, W. M., IV. (2015). The Gospel of John. Baker Academic. ↩