Diálogo con Joseph Ratzinger

Actualizado el

Sobre la revelación de sí mismo.

Cementerio Central de Viena (Wiener Zentralfriedhof), zona judía

Cementerio Central de Viena (Wiener Zentralfriedhof). Licencia de Wikimedia Commons.

Una de las ventajas de la vida del mundo futuro es que se puede dialogar con quien se quiera, haya vivido en la época en que haya vivido, y donde se quiera. Lotrives posee destrezas para salir del espacio y del tiempo y realizar incursiones en la vida del mundo futuro. Ha mantenido esta conversación con Joseph Ratzinger, que fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe con Juan Pablo II y luego él mismo papa, con el nombre de Benedicto XVI. Lotrives charló con él paseando por el Cementerio Central de Viena, en la imagen, uno de los lugares más bellos de la capital de Austria.


—(Lotrives, en adelante: L) Joseph, ¿sabes que en cierta ocasión, a comienzos del siglo XXI, intenté entrevistarte para ABC pero me mandaste a paseo?

[En la vida del mundo futuro, todos se tutean].

—(Joseph Ratzinger, en adelante JR) Tenía mucho trabajo, quería acabar mi ensayo sobre la vida de Jesucristo y los periodistas me quitabais mucho tiempo. Espero que lo entiendas. Pero no recuerdo que nadie me hablara de ti.

—(L) Imagino que tu secretario, Georg Gänswein, que acusó recibo de mi email, ni se molestó en presentarte mi solicitud. Por lo menos me contestó diciendo que no era posible.

—(JR) No se lo tengas en cuenta. Sabía lo escaso de tiempo que iba por mi interés en acabar mis tres tomos sobre el Mesías. Georg es un muchacho muy simpático. Te convendrá saludarlo cuando ingrese en la vida del mundo futuro, donde todos disponemos de tiempo para todo y para todos. ¿Pero no me habrás citado aquí en el Cementerio Central de Viena, zona judía, solo porque quisiste entrevistarme allá a comienzos del 2000, cuando residía en Roma y todavía no era papa?

—(L) En efecto, no por eso. Se trata de lo siguiente. He descubierto un texto que me llama mucho la atención y quiero leértelo:

«El diálogo efectivo no hace acto de presencia cuando los hombres hablan solo sobre algo. Lo más genuino del diálogo humano se pone de manifiesto únicamente cuando los hombres no intentan revelar algo, sino revelarse a sí mismos, es decir, cuando se convierte en comunicación. Cuando tal cosa ocurre, cuando es el mismo hombre el que se pone sobre el tapete, se está hablando de algún modo también de Dios, el verdadero tema de las discusiones entre los hombres desde el comienzo de la historia».

¿Sabes de quién es?

—(JR) Me suena que lo he escrito yo, pero como redactaba en alemán y tú utilizas el español, me quedo con dudas.

—(L) Sí, eres tú el autor.

—(JR) ¿Me puedes leer el original, en alemán, para que argumente con más precisión si es necesario?

—(L) No es necesario, Joseph. ¡Ni en la vida del mundo futuro te quitas tus manías teutónicas! No tengo aquí el texto en alemán y seguro que la traducción es buena, la he tomado de: Ratzinger, Joseph. (2022). Cooperadores de la verdad. Reflexiones para cada día del año. Introducción, traducción y notas de José Luis del Barco. Madrid: Rialp, página 409.

—(JR) Mi libro original, cuya primera edición se remonta a 1979, se llama Mitarbeiter der Wahrheit. Gedanken für jeden Tag y lo publicó la editorial Naumann en Würzburg. ¿Qué te intriga de ese párrafo que nos reúne aquí en el cementerio?

—(L) ¿Cómo supiste que «cuando es el mismo hombre el que se pone sobre el tapete, se está hablando de algún modo también de Dios, el verdadero tema de las discusiones entre los hombres desde el comienzo de la historia»?

—(JR) Habrás comprobado que es cierto, tú que gozas de acceso a la vida del mundo futuro. Cuando escribí ese pasaje, simplemente apliqué el principio de que somos imagen de Dios. Dios se revela a sí mismo. Nosotros solo podemos ser nosotros cuando lo imitamos y nos revelamos a nosotros. Cuando nos revelamos a nosotros, como imagen que somos de él, lo revelamos a él.

—(L) No sigas por ahí, Joseph, que lo estás complicando con tantos nosotros. A mí, tu párrafo original me recuerda a Juan Bautista Torelló. ¿Conoces a Juan Bautista Torelló?

—(JR) No.

—(L) Es un sacerdote catalán, numerario del Opus Dei, que vivió en Viena y murió aquí, muy listo y con fama de santidad, confirmada porque habita en la esquina Omega de la vida del mundo futuro. Me contó Torelló lo que sigue. Con ocasión de la beatificación de Josemaría Escrivá, en Roma, en 1992, se encontró por puro azar en la Plaza de San Pedro con otro sacerdote numerario catalán que residía en Australia. Torelló y el australiano-catalán se habían visto por última vez en Madrid, en 1948. Se produjo este intercambio de frases entre ellos:

Torelló: «¡Hooooooombreeee [añádase aquí el nombre del australiano-catalán]! ¡Qué alegría verte [fuerte abrazo y repetición del nombre del australiano-catalán]!»

El australiano-catalán: «¡Toooreeellóóóóóóóó! ¡Pero qué tío más grande! ¿Sigues en Austria?»

Torelló: «Sí».

El australiano-catalán: «Te invito a una cerveza pero si no me hablas de Austria, si solo me hablas de ti».