Las Confesiones de san Agustín (397) contienen, entre sus reflexiones autobiográficas, una crítica a la literatura vana. Estas notas recogen tres pasajes.


San Agustín (354-430), en sus Confesiones, escritas hacia el 397, afirma:

«Luego pecaba yo de niño, Dios mío, cuando anteponía en mi afición las fábulas vanas a los estudios provechosos o, mejor dicho, cuando detestaba estos y amaba aquellas. Y, ciertamente, “uno y uno, dos”; “dos y dos, cuatro”, era para mí odiosa cantinela y delicioso el espectáculo de la vanidad: el caballo de madera, repleto de guerreros armados, el incendio de Troya […]».

San Agustín, Confesiones, (Libro I, capítulo 3, número 22, p. 13)

Virgilio, en la Eneida, narra que Eneas engaña y abandona a Dido (Elisa de Tiro) en Cartago y zarpa hacia Italia en busca de nuevas aventuras. Al respecto, escribe san Agustín:

«Porque ¿qué cosa más miserable que un miserable que no tiene misericordia de sí mismo y llora la muerte de Dido, ocasionada por el amor a Eneas, y no llora, en cambio, su propia muerte que se ocasiona por no amarte a ti, oh Dios?»

San Agustín, Confesiones, (I, 13, 21, p. 12).

El obispo de Hipona advierte, como vemos, contra el espectáculo de la vanidad en la literatura. En otros lugares lo hace contra el espectáculo de la vanidad en el teatro.

En el párrafo que sigue, san Agustín da pistas para saber lo que contradice su ideal de ser humano: intentar seducir con lo que al parecer sabemos y dejarnos engañar por los diversos apetitos y la falsa religión:

«A lo largo de aquel período de nueve años —que abarca desde los diecinueve de mi edad hasta los veintiocho—, vivíamos seducidos y seduciendo, engañados y engañando, juguete de diversos apetitos; en público por la profesión de las disciplinas que llaman liberales y en secreto bajo falsa capa de religión».

San Agustín, Confesiones, (IV, 1, 1, p. 46).


Obra citada

Agustín de Hipona. (1995) [1970, 1.ª ed.]. Confesiones. Versión, introducción y notas de Francisco Montes de Oca. 11.ª ed. México: Editorial Porrúa.