Enrique Herrando Prat de la Riba, «in memoriam»


Enrique Herrando Prat de la Riba

Enrique Herrando Prat de la Riba. Foto: © Lotrives.

Esta mañana me ha llegado un WhatsApp de un gran amigo austriaco, Bernhard Weber. Dice: «Querido Pepe: hoy, a las 4:00, nuestro Enrique, bien preparado y en paz, ha fallecido. RIP. Un abrazo, Bernhard». Enrique es Enrique Herrando Prat de la Riba, que nació en Barcelona un 6 de noviembre de 1943 y ha muerto en Viena un 20 de mayo de 2026.

No sé ya si no es políticamente correcto publicar la causa de la muerte. La comunico aquí y la retiraré si alguien me convence de que debo quitarla. Hace unos cinco años, a Enrique le diagnosticaron un cáncer de próstata. Hasta ese momento, Enrique estuvo sano y pletórico de energía humana y espiritual. Después, sus fuerzas físicas fueron decreciendo muy paulatinamente. Enrique ha sido uno de mis mejores amigos. Yo soy algo más joven que él, pero me parece que aunque no estuviera en su círculo estrecho de elegidos, me tenía gran afecto.

Conocí a Enrique un 5 de septiembre de 1982. Ese día aterricé en Viena procedente de Madrid. Yo era un joven numerario del Opus Dei español que iba a realizar la tesis doctoral en Físicas en la Universidad de Viena y de paso (intentar) ayudar a la labor del Opus Dei en Austria, menos desarrollada que en España. Enrique me recibió en el aeropuerto y me llevó a la Residencia de Estudiantes Birkbrunn.

Enrique había estudiado Económicas en España, había llegado a Austria unos años antes que yo, en 1967, y conocía el camino de adaptación a un nuevo país, que yo empezaba ese 5 de septiembre de 1982.

Una de las muchas diferencias entre Enrique y yo (siempre a su favor) es la siguiente. Mientras él habría podido realizar una brillantísima carrera profesional en multitud de empresas que se lo habrían rifado, en Austria y en España, su trabajo interno en el Opus Dei y para el Opus Dei era tan valioso que tuvo que dedicarse a él cien por cien toda la vida, hasta la muerte. Y lo hizo con pasión. En 1982 era ya un director regional clave y lo ha sido hasta que la enfermedad lo apartó de esa tarea.

¿Cómo era Enrique? Listo, muy listo, alto, alegre, elegante, atractivo en lo físico y en lo espiritual, realista, muy trabajador y con una enorme capacidad de entender y conocer al interlocutor a la primera. Pero también con un gran sentido del humor, algo que yo agradecía y que echaba de menos en otros directores del Opus Dei. Uno de los hermanos de Enrique se llama Ramón Herrando Prat de la Riba, durante muchos años el vicario del Opus Dei en España. También lo conozco, aunque menos. Pues bien, a Enrique, yo, siendo numerario, le gastaba esta broma: «Enrique es poderoso en Austria, pero su hermano aún lo es más en España». Se reía. Durante otra época, me dio por afirmar que era «el número uno» de Austria. Lo mismo. Cuando dejé Austria, se unió a mi humor firmando algunas de las cartas que me escribió así: «El número uno», o contraatacando y señalando que yo era solo el «número tres de Polonia», y tonterías por el estilo, con unas claves que él, yo y pocos más conocíamos.

Era, bromas aparte, el número uno del Opus Dei en Austria. En una ocasión, hablando con Juan Bautista Torelló, un sacerdote importante y ex vicario en Austria, me confesó: «El auténtico regalo que España nos ha hecho ha sido enviarnos a Enrique». Añadió: «Además, a su formación como Economista ha unido una preparación filosófica y humanística como pocos». En efecto, Enrique es el fundador del Instituto IMABE (Instituto de Antropología Médica y Bioética), entre otras muchas iniciativas culturales suyas.

En el verano de 1989 Enrique y yo coincidimos en la casa de retiros de Hohewand (que él impulsó), en lo que en el Opus Dei se llama una convivencia anual. Son unos días dentro de las vacaciones de cada uno donde se descansa y se estudia o se repasan temas de filosofía y de teología. Celebramos su santo, san Enrique, el 13 de julio. Para la tertulia yo redacté en alemán unas noticias ficticias y las grabé. Le hicieron soltar alguna carcajada cuando se reprodujo la grabación en un magnetófono, en la sala de estar de aquella agradable casa. Hace unos meses le pedí permiso expreso para publicarlas en algún momento y me lo dio. Copio traducidas aquellas noticias:

Gonggggg. Son las doce del mediodía. Aquí Radio Prat, antes conocida como Österreichischer Rundfunk (Radio Austriaca).

Viena. El nuevo secretario general de la editorial Styria, Enrique Herrando Prat de la Riba, ha decretado el cierre inmediato de la agencia católica Kathpress. La razón: Herrando estaba cansado de tener que desmentir, día sí, día también, que no usa calcetines de seda, sino calcetines normales de algodón. «Y si esto pasa con mis calcetines, ¡qué no será con asuntos más serios!», ha sostenido. 

El presidente Waldheim ha felicitado a Herrando por su nombramiento al frente de Styria, y lo ha animado a que gobierne la editorial con carácter. La réplica de Herrando ha sido antológica: «No necesito los consejos de Waldheim. ¿Es eso gobernar con carácter?».

Kurt Krenn, obispo auxiliar de Viena, dijo ayer, comentando el nombramiento de Herrando: «Sin duda, es un hombre poderoso en Austria. Pero su hermano es más poderoso aún, en España».

Aclaraciones: Enrique había salido en una revista importante de Austria, Profil, y apuntaban que llevaba «calcetines de seda», en un artículo en el que se metían con el Opus Dei. Kurt Krenn era, en efecto, obispo auxiliar de Viena, y admiraba mucho a Enrique. Styria es una importante editorial de Austria de la que Enrique nunca fue secretario general. Kathpress es una agencia de noticias austriaca.

En agosto de aquel 1989, pasé con él también unos días en Salzburgo. Luego me ayudó en mi traslado a Polonia como corresponsal de ABC, aconsejándome en todo momento de forma certera. Posteriormente, hemos quedado siempre que yo he ido a Viena, para comer y tomar unas cervezas adicionales, o cuando él ha venido a Madrid, para hablar del Opus Dei, de la Iglesia, de política, de mi trabajo, del suyo, de mi familia, con verdadero interés por todo lo mío y yo por todo lo suyo. La última vez que lo vi fue el 18 de septiembre de 2025 en su casa, en la Petersplatz de Viena, todavía con la sonrisa franca y sus carcajadas típicas de gran amigo. El 25 de diciembre de 2025 le escribí por WhatsApp que había solicitado la admisión como supernumerario del Opus Dei (dejé de ser numerario en 1996) y me contestó: «¡Qué regalo de Navidad! ¡Te lo mereces!». Es el último comunicado que conservo de él.

Enrique hablaba alemán perfectamente, con un fuerte acento español. Todavía resuenan en mis oídos sus típicos Ach so! (‘¡claro!’) y Wirklich? (‘¿de verdad?’). Enrique era nieto del célebre político y escritor catalán Enric Prat de la Riba.

Que el Señor lo tenga en su gloria y que podamos seguir eternamente unidos gracias a la comunión de los santos.